Dentro de esa extensa zona se encuentran todo tipo de restos, poblaciones y cementerios, adoratorios y templos, centros administrativos y fortificaciones. Los diferentes vestigios encontrados en la zona ponen en evidencia que el sitio fue utilizado durante diversas etapas de nuestra historia prehispánica. Se hallaron instrumentos en la zona alta del cerro Oquendo, que pertenecerían al período lítico (7000 - 8000 a.C.), los Murallones, una red vial construida en los años 1270 - 1470 d.C. y el Palacio Oquendo, una construcción Inca (1470 - 1535 d.C.) que, según estudios arqueológicos, habría tenido funciones administrativas, aunque otras versiones afirman que pudo haber sido morada de veraneo del hijo del sol.
Indudablemente el recinto ha sido construido con fines defensivos, pues las murallas que lo cercan son prácticamente inexpugnables, sumamente gruesas y de muchos metros de altura. Lo que es más, en varios sitios de su recorrido se hallan bastiones y atalayas que acusan con claridad su calidad de fortificación militar. En la margen derecha existen, también, restos de una poderosa muralla que atraviesa la Pampa de los Perros, siguiendo un curso paralelo al río, y que parece sugerir, con su presencia opuesta a la del recinto fortificado, el enfrentamiento de dos pueblos ocupantes de las márgenes contrarias del Chillón. Existen tramos de muralla cuyas dimensiones son verdaderamente fabulosas, pues alcanzan en su estado actual de semi-destrucción los 4 metros de altura y tienen un ancho que varía entre los 5 y los 7 metros, llegando en algunos tramos hasta los 10 metros. La longitud de esa extraordinaria construcción llega al kilómetro y una minuciosa observación permite constatar que no se trata de un muro gigantesco, sino de un camino epi-mural.
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